segunda-feira, 31 de março de 2008

Agente

A direção das empresas deve agir no melhor benefício dos seus acionistas, tendo como um dos seus objetivos o aumento do valor das ações. Mas em grandes corporações, como a posse das empresas é dividida em um número muito grande de acionistas, é possível argumentar que quem controla a firma não são os seus donos, mas sim os seus gerentes. Como fazer então para saber se as decisões tomadas estão bem alinhadas com os interesses dos acionistas?
Esta mesma relação conflituosa é largamente analisada em estudos de finanças corporativas, e aparece sempre que alguém (denominado o principal, na literatura) contrata alguém (o agente) para representar os seus interesses. O exemplo clássico é o vendedor de automóveis que ganha uma comissão com a venda de um carro: se a comissão é fixa, o que o impede de abaixar o preço para garantir uma venda mais rápida? Neste caso, o problema é resolvido, ou pelo menos diminuído, se a comissão for um percentual do valor final.
No meu caso, procurando apartamentos para comprar, a situação é inversa: o agente imobiliário contratado por mim para intermediar a compra do meu futuro apartamento ganha uma porcentagem fixa que já está embutida no valor do imóvel. Quanto mais eu gastar, mais ele ganha.
E daí isso gera a crise de confiança que mexe com a minha cabeça: será que os apartamentos baratos de que eu gosto são realmente tão problemáticos como se faz pensar? Ou que os caros são tão bons que se deve comprá-los rapidamente antes que alguém o faça antes? Ou por quê as recomendações que eu recebo estão sempre perto do limite que ele sabe que eu posso pagar? É possível confiar em alguém que eu contrato para me ajudar?
A confusão mental extrapola rapidamente para vários campos. Com interesses, escondidos ou óbvios, de todo mundo por todos os lados, é possível confiar em alguém que não a gente?

quarta-feira, 19 de março de 2008

Achmed

Recebi esse vídeo por email um tempo atrás, e não consigo não me matar de rir toda vez que eu assisto. No trabalho, o 'I keel you' virou sensação. Um pouquinho politicamente incorreto, (mas?) muito bom.

domingo, 9 de março de 2008

Recorde

Segunda passada, depois de um final de semana que havia começado muito gelado mas terminado muito agradável, eu estava comentando com um amigo daqui que parecia que Março já começava a nos trazer sinais da Primavera. Experiente e vacinado, ele riu, e me disse que esperasse.
Ainda no começo da semana a previsão do tempo já começou a dar sinais de que minha afirmação tinha sido uma grande bobagem, ou em um bom inglês, 'wishful thinking': o mundo caiu em neve neste final de semana. Aparentemente, estamos para quebrar o recorde de 1971, ano em que serve de referência para os mais velhos toda vez que alguém reclama sobre a neve: "mas em 71 foi muito pior".
No sábado, em um outro surto psicótico causado pelo meu tédio, achei que seria uma boa sair pra devolver os dois filmes que eu tinha assistido na sexta e para pegar mais três para assistir no resto do final de semana. Alheio às intempéries na proteção do meu porão, meu timing não poderia ter sido pior - o olho do furacão estava provavelmente passando aqui na avenida Van Horne quando eu botei o nariz pra fora. Era tanto vento, que eu tinha que andar curvado, e tanta neve, que era difícil abrir os olhos e não sentir as pedrinhas entrando e descongelando sobre as minhas córneas. E mesmo quando eu conseguia abrir os olhos, não era muito longe que eu conseguia ver. A neve não caía pacificamente ao som de 'Jingle Bells', como sói acreditar, era uma um turbilhão que vinha de todas as direções.
Relatos na imprensa: 20 a 30 cm de neve (algumas fontes citam 40), ventos de 100km/h, acidentes por causa da visibilidade nula, estradas que tiveram que ser fechadas, até ônibus deixaram-se abater pelo tempo.
Será que agora a Primavera consegue entrar de vez? Tenho minhas dúvidas. Mas pelo menos em 50 anos eu vou poder dizer para os meus netos, quando o assunto for a severidade hibernal, que o ano de 2008 foi o pior deles. Afinal, preciso de mais um pouco de 'wishful thinking' para tentar acreditar que outro inverno desses não vai acontecer tão cedo.

sábado, 8 de março de 2008

Mulheres

Dia da Mulher: por que ainda há homens que são assim..."Mim tem fome, mulher"

Hahaha, ótima essa! Feliz Dia das Mulheres às mulheres da minha vida!

quarta-feira, 5 de março de 2008

Diario de una brasileña en Madrid

Vi no blog da Alexandra que viu no site da Fer Jimenez que leu no El País um texto de uma brasileira que havia conseguido a cidadania espanhola recentemente. E assim como a Fer e a Alexandra e alguém do El País, achei o texto bonitinho, e resolvi compartilhar e aproveitar para encher um pouco de lingüiça.
Nací madrileña a los treinta años. Es lo que dice una carta que he recibido esta mañana. Bueno, no dice exactamente eso, pero es como la interpreto. Finalmente he conseguido la nacionalidad y en pocos días estaré jurando fidelidad a su majestad el Rey, a la Constitución y a las demás leyes españolas. Con lo republicana que yo soy... Que me perdonen los monárquicos, pero en Brasil por no haber, no hay ni Reyes Magos.

Me acordé de las últimas navidades que pasé en Salvador de Bahía. Durante la cena le conté a mi familia que estaba solicitando la nacionalidad española, y mis primitas pequeñas me preguntaron si iba a dejar de ser brasileña. Jamás voy a dejar de ser brasileña, les dije, una cosa no quita la otra, sino que añade. Quisieron saber cómo hace uno para ser español y yo les expliqué que me harían una entrevista y un examen. ¿Qué clase de examen?, me preguntaron. Les conté, aguantando la risa, que tendría que demostrar que sé bailar sevillanas, hacer tortilla de patatas, dormir la siesta e incluso torear. Curiosamente, hace pocos días, vi mi absurda broma hecha realidad en la propuesta del "contrato de integración para los inmigrantes", y ya no me parecía tan graciosa. Eso sí, mis primas pequeñas se quedaron fascinadas con los exámenes. De pronto todas querían ser españolas. Pero a Andréia, la menor, le dio un poco de miedo eso de torear. Si ella supiese...

Torear es lo que más he hecho en estos años. Torear con los papeles de trabajo, de residencia, con los trabajos en negro, con el simple hecho de alquilar un piso teniendo acento extranjero, con la dificultad de escribir en una lengua que no es la mía, con el no conocer a nadie, con el empezar de cero.

Toqué tierra en Barajas sola y hablando un castellano macarrónico. Aún no termino de entender cómo conseguí hacer amigos. ¡Si ni yo misma comprendía lo que hablaba! Lo cierto es que he conocido a españoles y extranjeros de todos lados. Gente que también estaba sola y desesperada por hacer amigos. Quizás por eso congeniamos tan rápido. Casi todos, como yo, venían a hacer los Madriles... Eso tiene esta ciudad, uno puede sentir rápidamente que es su hogar.

Aunque no siempre fue así... Recuerdo que hasta hace muy poco tiempo los papeles me daban pesadillas todas las noches. Soñaba que la policía venía a mi piso a decirme: señorita, tiene usted tres minutos para abandonar el país. Y cada vez que llamaban a la puerta, especialmente en épocas de renovación de permisos, yo pensaba que eran ellos y que me iban a sacar de España en un vuelo charter ese mismo día. Pero espere un momento, señor policía, ¿no comprende usted?, estoy escribiendo una novela y no puedo dejarla a la mitad. He alquilado este piso por cinco años, estoy pagando a plazos mi ordenador y mi móvil es de contrato, no es de tarjeta que puedes dejar así como así... Además, lo más importante para mí, quizás no para usted, comprenda, pero sí para mí, lo más importante... Me he enamorado. Sí, señor policía, me he enamorado. Es español y me dijo "Eu te amo", en portugués, el otro día. No me puedes expulsar del país, no es justo... Yo sé que hay gente que tiene motivos mucho más importantes para estar aquí: enviar dinero a su familia, escapar de una guerra, no morirse de hambre... Mi argumento no es el mejor, pero es el más escueto: yo simplemente quiero estar aquí.

Ya tenía todo el discurso preparado. No sé si sería muy efectivo, pero era todo lo que yo tenía. Ahora no, ahora tengo en manos una resolución que dice: al carajo con todo, soy española. Y espero ansiosa el día en que la policía venga a mi puerta sólo para enseñarla. En realidad estoy ansiosa para mostrarla a cualquier persona, incluso si no viene a mi puerta. Sin ir más lejos, la he enseñado a tres desconocidos en el ascensor. La verdad es que a veces puedo ser muy ridícula... Como el otro día, que pasé delante del Palacio Real a las cuatro de la mañana, un poco borracha, y le grité a uno de los guardias: ¡Viva la República! Él me miró con cara de coño, déjame en paz que estás de fiesta y yo estoy aquí trabajando, y respondió: ¿A mí qué me cuentas?

Todos tenemos algo que contar. Yo, por ejemplo, en estos siete años que he vivido en Madrid, he sido camarera, intérprete de portugués para prostitutas arrestadas, profesora de samba, vendedora de arte africano, traductora de catálogos de armas, guionista de cine... Me falta mucho por hacer, es cierto, pero ahora que tengo la oportunidad de empezar otra vez, creo que ha llegado el momento ideal para narrar todas las aventuras de mi vida anterior. Como aquella vez que estuve hospedada en una casa que tenía un inmenso cuadro de Franco en el salón y por las noches... Bueno, creo que se me acaba el folio... Lo dejaré para la siguiente entrega. De todas maneras hoy tengo mucho que celebrar, nacer dos veces es un privilegio. Quizás debería cambiar algo, no sé, mi peinado, mi armario, mi acento... ¿O quizás debería organizarme un bautizo?
Carla Guimarães

domingo, 2 de março de 2008

Inverno

Aguentar o inverno em um tiro só sem nenhum feriado, das festas de fim de ano até a Páscoa, é de matar qualquer um. E eu não sou o único, em casa, no trabalho, na rua, todo mundo já está de saco cheio do inverno, tolerância zero.

No trabalho, graças ao bom Pai e aos bons números, compadeceram-se de nós, pobrecitos, e nos deram a sexta-feira passada de folga. Assim, do nada, de coração. E ainda organizaram e subvencionaram uma viagem de esqui para os mais empolgados. É claro que eu não podia deixar passar.
O céu azul estava digno de fotos de cartão postal, e como é de se esperar nesses belos dias de inverno, o frio estava de matar. As seis camadas de roupa que separavam a minha pele dos 30 graus negativos até que me foram suficientes, mas as pontas menos protegidas, como orelhas, nariz e dedos me incomodaram o dia inteiro. Mas foi bom demais da conta, estamos até pensando em organizar nós mesmos a próxima.
E hoje, aproveitando o mesmo céu azul, mas temperaturas bem mais amenas, fui patinar no gelo.
Afinal, se não pode vencê-lo, junte-se a ele.